Cuando la organización pretende mandar sobre la prensa
Síntesis de la columna publicada en Mi Salto. Las citas entre comillas son textuales.
Las recientes «pautas» impuestas a los periodistas que cubren el Carnaval de Salto no son simples recomendaciones éticas. Aunque no provengan del Estado, funcionan como un condicionamiento previo sobre lo que la prensa puede mostrar, opinar e informar, y por eso deben llamarse por su nombre: censura.
La libertad de prensa no es un privilegio de los periodistas, sino una garantía para toda la comunidad y un pilar de la democracia. Cuando quien organiza un evento público pretende decidir cómo se lo cubre, el problema deja de ser del periodista y pasa a ser de todos.
«Nuestra Constitución es clara: no existe censura previa.»
Horacio de Brum
El Carnaval salteño es una fiesta popular que se construye con el esfuerzo de conjuntos, vecinos y trabajadores. Precisamente porque es de todos, nadie puede apropiarse del relato ni del silencio sobre lo que allí ocurre.
«El Carnaval es patrimonio cultural y es de todos. Y por eso mismo, no puede tener dueños del silencio.»
Horacio de Brum